Dos científicos cubanos se acreditaron hoy en La Habana
la paternidad de la Melagenina, un nuevo medicamento a base
de placenta para combatir el vitíligo, enfermedad que
consiste en la desaparición de la pigmentación
cutánea de ciertas partes de la piel.
Los doctores Carlos Miyares Cao, médico farmacólogo
y su colega Manuel Táboas, profesor de Dermatología
del Instituto Superior de Ciencias Médicas, son los investigadores
que hicieron público el descubrimiento de este recurso
terapéutico, considerado por medios científicos
como una novedad mundial.
El trascendental acontecimiento fue reportado por la prensa
nacional e internacional el 14 de febrero de 1980, día
precisamente en que el medicamento era puesto a la venta en
las farmacias cubanas y suministrado también a los hospitales
del país con servicio de Dermatología, luego de
concluidas las rigurosas investigaciones.
Sin
embargo, la historia de este aporte científico cubano
a la ciencia mundial se había iniciado en 1968 cuando
el doctor Carlos Miyares Cao, con apenas 29 años de edad,
encontraba "de forma casual" una sustancia que, al
administrarse a los animales de experimentación, les
producía un aumento en la pigmentación.
El descubrimiento fue realizado en el laboratorio de Farmacodinamia
Experimental de la Reproducción, ubicado en el octavo
piso del Hospital Ginecobstétrico González Coro,
de Ciudad de La Habana, donde el profesor Miyares Cao cumplía
labores de dirección e investigación, en la búsqueda
de mecanismos vinculados a la reproducción humana. "Nos
encontrábamos muy interesados en la placenta, porque
pensábamos que producía alguna sustancia estimuladora
de las contracciones uterinas."
"Nuestro principal objetivo en ese momento era buscar las
causas del paño prematuro que pudieran ser evitables,
y manteníamos la tesis de que la placenta podría
sufrir un dismetabolismo, algún trastorno de su función
en un período determinado de la gestación, y debido
a ello producir sustancias que estimularan al músculo
uterino antes de tiempo, y provocar así el paño
prematuro".
Sustentado en esos criterios, el doctor Miyares desarrolló
una técnica para mantener viva la placenta después
del alumbramiento y estudiar le productos derivados de ella,
sometiéndola a diferentes condiciones ambientales: la
acidez del medio, la oxigenación, la temperatura. Administran
además distintos nutrientes que pudieran cambiar el metabolismo
placentario en la búsqueda de una sustancia estimulante
del útero.
El científico lograba, en condiciones de laboratorio,
que la placenta produjera sustancias que habitualmente elabora,
y las muestras así obtenidas se analizaban desde el punto
de vista químico y farmacológico para conocer
su actividad biológica.
En ese paciente y tesonero quehacer el doctor Miyares constató
que una de las sustancias extraídas de la placenta, al
ser aplicada a los animales de experimentación les producía
un aumento de la coloración de la piel.
"Esto me llamó poderosamente la atención
—recuerda ahora. Conocía la existencia de una enfermedad,
el vitíligo, en que precisamente se pierde la pigmentación
de la piel. Pensamos que esta sustancia quizás pudiera
tener alguna utilidad para esta afección".
En esa época, finales de la década de los sesenta,
el doctor Miyares, especialista en Farmacología y también
en Ginecología y Obstetricia, desconocía la situación
real de los tratamientos existente para el vitíligo,
y si existía o no algún recurso terapéutico
efectivo.
De inmediato comunicó el descubrimiento al profesor de
Dermatología de sus años de estudiante, el doctor
Manuel Táboas, quien le señaló que su hallazgo
podía ser de gran utilidad, atendiendo al hecho de que
los medicamentos existentes hasta ese momento a nivel mundial
– Methoxalén, Beroxán, Meladinina, Oxoralén—,
elaborados a partir de sustancias de origen vegetal o sintéticas,
mejoraban transitoriamente la afección en muchos casos,
pero no curaban la enfermedad, y presentaban el agravante de
ser productos de gran toxicidad que producen con frecuencia
quemaduras hepatitis, alteraciones de la visión, e incluso
en ocasiones hasta cáncer según recientes investigaciones.
Luego de conocer los criterios del profesor Táboas el
doctor Miyares continuó los trabajos de laboratorio,
encaminados ahora a aislar la sustancia, identificarla químicamente,
comprobar los efectos biológicos que había observado
en animales de experimentación, y tratar de obtener las
cantidades suficientes de la misma que posibilitaran con posterioridad
realizar los ensayos clínicos.
A casi 30 años del descubrimiento, con una expresión
que no oculta una real alegría, refiere: "Tuve éxitos
en ese trabajo. Logré aislar la sustancia, identificarla
como una lipoproteína. Una vez purificada se ensayó
en los animales de laboratorio y se comprobó que, efectivamente,
tenía dos acciones: aumentaba la reproducción
de los melanocitos y también la síntesis del pigmento
meláni-co de esta célula. En las pruebas lexicológicas,
durante los ensayos preclíni-cos, se demostró
que la sustancia no presentaba ninguna acción nociva".
Con estos resultados el doctor Miyares se entrevistó
nuevamente con el profesor Táboas, quien organizó
el primer ensayo clínico de la sustancia, previa autorización
de los organismos sanitarios competentes, dirigido fundamentalmente
no a la cura de los pacientes con vitíligo, sino a observar
los efectos que producía esta sustancia en las "manchas
blancas" de un grupo de enfermos y observar si repigmentaba
o no la piel.
"No pretendíamos en ese momento —dice Miyares— emplear
la sustancia como medicamento, sino conocer sencillamente si
esa sustancia, que en los animales aumentaba la coloración
de la piel, también lo hacía en los enfermos de
vitíligo".
El resultado del ensayo no se hizo esperar. Los pacientes a
los cuales se les aplicó la sustancia por vía
tópica, en una sola de las manchas de su cuerpo, ésta
repigmentó y no se registró ni un solo efecto
secundario, ni local ni sistémico.
Con estos resultados, los investigadores se dispusieron en 1973
a realizar ensayos clínicos mayores, para lo que reunieron
392 pacientes atendidos en el Servicio de Dermatología
del Hospital Docente Calixto García, de Ciudad de La
Habana.
La investigación abarcó a 200 pacientes a los
que se les administró la Melagenina de forma tópica,
y a otros 192 que recibieron la medicación existente
para la enfermedad (los llamados psoralenos), administrada por
vía tópica u oral.
El estudio, que duró 4 años, demostró que
el extracto placentario cubano tenía una acción
beneficiosa en los pacientes, al reportar la repigmentación
de 168 de los 200 enfermos tratados (para un 84 por ciento de
eficacia terapéutica), sin un solo reporte de reacciones-adversas
al medicamento.
El grupo de pacientes tratados con los psoralenos demostró
muy poca eficacia terapéutica (sólo 15 casos repigmentaron
parcialmente) y una alta incidencia (33 casos) de reacciones
secundarias, que incluyeron trastornos digestivos, alteraciones
hepáticas, quemaduras de la piel e irritaciones.
El siguiente paso fue someter la Melagenina a un estudio conocido]
como a doble ciegas, método científico empleado
internacionalmente que consiste en mantener a los sujetos, y
también a los investigadores, en la ignorancia respecto
de qué sujetos están en el grupo experimental
(a los que se administra por vía tópica la Melagenina)
y cuáles en el denominado grupo control al que se aplica
simplemente alcohol al 75 por ciento a manera de placebo.
El responsable de realizar el ensayo a doble ciegas fue el doctor
Daniel Abréu, presidente de la Sociedad Cubana de Dermatología,
quien lo realizó en el Hospital "Comandante Manuel
Fajardo" de La Habana.
Al finalizar la experiencia, cuando se abrieron los códigos
para conocer qué números pertenecían a
la sustancia activa placentaria y cuáles no, se comprobó
que solamente los pacientes que utilizaron la Melagenina habían
repigmentado sus manchas, no así los que recibieron el
placebo.
Luego de finalizadas las investigaciones preclínica y
clínicas (1980) y cumplidos los trámites correspondientes,
el Ministerio de Salud Pública de Cuba expidió
a la sustancia placentaria el registro sanitario, y comenzó
entonces la producción y distribución en las farmacias
de la isla del nuevo medicamento para el tratamiento del vitíligo,
denominado Melagenina, nombre que significa "sustancia
que genera melanina", el pigmento que colorea la piel.
Los doctores Carlos Miyares Cao y Manuel Táboas recibieron
el Certificado de Autor de Invención denominado "Procedimiento
y producto para estimular la síntesis del pigmento melánico
de la piel", y la patente ha sido registrada en Cuba y
en otros nueve países: Japón, India, Hungría,
Inglaterra, Rusia, Alemania, Estados Unidos, Francia y Suecia.