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TABLA 1
NUMERO DE PACIENTES Y PORCENTAJE SEGÚN EDAD AL INGRESO
Y SEXO
Sostenemos que esta trayectoria inicial de la
enfermedad puede desarrollarse lentamente, incluso en un lapso
de años y que se denomina período de "silencio
clínico”, sobre todo en el caso de la cocaína
que ocupa el mayor por ciento del grupo estudiado, este período
permite que el paciente concluya, aunque muchas veces de manera
irregular, dicho nivel de educación. Con frecuencia, a
partir de esta etapa de la vida, el consumo se intensifica, se
hace incontrolable e impide la continuación o culminación
exitosa de estudios de nivel superior. Consideramos que el hecho
de que los pacientes con nivel primario estén muy poco
representados, se debe básicamente a la procedencia socioeconómica
elevada de los pacientes estudiados, lo que lleva implícito
toda una serie de garantías en la esfera estudiantil, por
lo que no podemos afirmar que la farmacodependencia es menos frecuente
en pacientes con bajo nivel escolar.
En el análisis del estado civil de los
pacientes, observamos que los resultados confirman lo planteado
en la literatura acerca de la dificultad reiterada de los farmacodependientes
para mantener una relación de pareja estable. Consideramos
que esto se deba a las características del consumo, el
cual, en determinadas etapas se convierte en la principal actividad
en la vida de los pacientes, así como a la conducta promiscua
que genera, basada en relaciones emocionales inestables e intensas,
casi siempre de corta duración.13' Los pacientes casados
mantienen mayoritariamente relaciones.
Matrimoniales disfuncionales, pero atendiendo a las características
socioeconómicas de su grupo, donde el divorcio tiene gran
repercusión en el aspecto económico, prefieren mantener
el vínculo legal.
En nuestro estudio quedó demostrado que
cuando se producen modificaciones del funcionamiento a largo plazo
en el individuo, motivado por el consumo excesivo de drogas, se
origina una alteración en el componente social y, sobre
todo, en el aspecto laboral. Nuestros datos, concuerdan con otros
estudios realizados, en los que se destaca la incapacidad casi
constante de los pacientes farmacodependientes para mantener un
vínculo laboral estable, por causa, básicamente,
de una alteración en el funcionamiento adaptativo al medio.
Esto unido al consumo de sustancias psicoactivas,
que exacerban rasgos anómalos de personalidad, impide el
desarrollo de una conducta laboral apropiada, por lo que se dedican,
fundamentalmente, a actividades ilegales o marginales para solventar
el consumo, a pesar de encontrarse en la etapa más productiva
de la vida. Llama la atención que ningún paciente
heroinómano incluido en nuestro estudio mantuvo un trabajo
estable, lo cual coincide con la literatura que indica, una vez
más, que sostener una relación prioritaria de uso
de la heroína es incompatible con una actividad laboral
normal.
Debe señalarse, además, que un
porcentaje considerable de los pacientes estudiados proceden de
familias de un estrato socioeconómico elevado, lo que unido
a un bajo e inconsistente nivel de exigencia familiar para con
ellos, condiciona que no se sientan presionados a asumir una responsabilidad
laboral adecuada. Por constituir la familia un sistema que tiene
innumerables funciones, desde la satisfacción de las necesidades
afectivas y materiales de sus miembros, el establecimiento de
patrones positivos de relaciones inter-personales, hasta la estimulación
de la creatividad de sus integrantes, entendimos de gran valor
hacer un análisis del funcionamiento familiar en los pacientes
estudiados.
La dinámica familiar representa un elemento
básico en la estructura y maduración de la personalidad,
por ello cuando un eslabón de dicha dinámica se
afecta, se rompe el equilibrio entre sus miembros. Para el estudio
del funcionamiento familiar nos basamos en los conceptos de Srnilksteins,apgar
familiar como también se conoce. En nuestro estudio ocuparon
el primer lugar las familias fuertemente disfuncionales y el segundo,
las moderadamente funcionales, categoría esta que también
refleja cierto grado de disfunción. Se evidencia, por tanto,
un predominio de alteraciones en la dinámica familiar.
Nuestras cifras nos permiten coincidir con lo
planteado por diversos autores acerca de la influencia directa
de las alteraciones en la dinámica familiar sobre la creación
de patrones de vida insanos en los individuos y, en particular,
con un estudio realizado por J. P. Hoffman: Efectos de la familia
en el uso de drogas por parte de los adolescentes, donde se manifiesta
que la disminución de los lazos de unión con la
familia provoca una mayor oportunidad de asociarse con consumidores
de drogas y de ahí un aumento de la posibilidad de iniciar
o elevar el consumo.
En nuestra investigación realizamos observaciones
específicas sobre dificultades en el funcionamiento familiar
de los pacientes estudiados y que consideramos fueron responsables,
en gran medida, de altera6ciones psicopatológicas que condujeron
a la farmacodependencia, ya que la influencia de los padres mediante
el uso de la palabra, los hábitos, las actitudes y la conducta,
va moldeando paulatinamente la personalidad de sus hijos desde
etapas tempranas de la vida.
Encontramos en nuestra experiencia de trabajo
que el número de años de consumo y la cantidad de
drogas utilizadas antes de la hospitalización, no afecta
la oportunidad de alcanzar una abstinencia estable, aunque es
importante destacar que existen tres variables fundamentales que
garantizan un buen pronóstico: mantener un empleo y una
relación de pareja heterosexual estable, así como
un adecuado funcionamiento de la dinámica familiar
(Tabla No. 6).
Antes de presentar los resultados relacionados
con las drogas consumidas por los pacientes estudiados, creemos
necesario destacar que la gran mayoría de ellos pueden
considerarse polifarmacodependientes, lo cual significa que la
dependencia se producía a partir de una droga básica,
pero cuando por diferentes razones esta no se podía obtener,
el paciente utilizaba otras sustancias sustituías durante
períodos de tiempo variables; además, con frecuencia,
el consumo de tóxicos se llevaba a cabo combinando
dos o más sustancias, situación descrita en la literatura.
En lo que se refiere al tipo de droga principal
que consumen los pacientes incluidos en nuestro estudio, observamos
que predomina la cocaína. Esto resulta lógico si
tenemos en cuenta que un por ciento elevado del total del grupo
estudiado corresponde a pacientes procedentes de América
Latina, zona de gran producción y utilización de
la droga referida:
A continuación aparecen los consumidores
de opiáceos, coincidiendo con los pacientes procedentes
de Europa, cuya dependencia radicaba en la sustancia denominada
heroína. En la actualidad esta droga se encuentra entre
las más difundidas y utilizadas en dicho continente. Destacamos
que los derivados del opio en general y de la heroína en
particular, tienen una elevada capacidad para generar dependencia
en las personas, incluso desde las primeras dosis consumidas (Tabla
No. 7).
En el estudio realizado, observamos que la marihuana
(cannavis sativa) representa un problema serio de dependencia
sólo para 14 pacientes procedentes de América Latina
y del Caribe, sin embargo, encontramos que la casi totalidad de
nuestros pacientes, al comenzar a transitar por el camino de las
drogas, conocieron la marihuana, consumo que mantuvieron durante
un tiempo variable hasta que, ávidos de experiencias más
intensas, consumieron drogas con efectos más potentes sobre
el sistema nervioso central (de acción más rápida
y destructiva); a partir de ahí desarrollan el abuso y
luego la verdadera dependencia, lo cual no significa que esta
sustancia conduzca inevitablemente al consumo de otras drogas
¡legales. No queremos por ello restar importancia a la utilización
de la marihuana, ya que ésta puede ser muy peligrosa para
quienes la utilizan, debido a que la gravedad no está en
la sustancia, sino en las circunstancias y características
biosicosociales del individuo. Al analizar el comportamiento de
los pacientes dependientes de la cocaína, observamos que
estos, durante la etapa de consumo activo, utilizaron, de manera
considerable, la marihuana, tanto combinando ambas sustancias
como de forma alterna. En el caso de los pacientes estudiados
procedentes de Europa y tratados por su heroinomanía, se
evidencia el uso de la marihuana de forma ocasional, porque para
ninguno de ellos esta sustancia constituyó un problema
serio de dependencia, además de que su utilización
es, desde el punto de vista social, bien tolerada en sus países,
algo similar sucede con el consumo de alcohol, el cual no se emplea
asiduamente durante la etapa de consumo activo de la heroína
por la combinación letal que puede tener con esta sustancia.
Durante el inicio del tratamiento, observamos
una tendencia manifiesta de los pacientes farmacodependientes
a sustituir la droga básica de consumo por otra con similar
efecto sobre el sistema nervioso central, las sustancias disponibles
en nuestro medio tienen una acción menos potente sobre
el organismo, pero son de fácil adquisición por
la oferta socialmente permitida de estas.
Específicamente los pacientes dependientes
de la cocaína (alcaloide de efecto estimulante muy intenso),
se inclinaron al consumo excesivo de café, cuyo contenido
de cafeína provoca un efecto estimulante ligero. Destacamos
que el alcohol sí constituye una peligrosa posibilidad
de sustitución de la heroína durante la etapa de
no empleo de esta sustancia, por el efecto depresivo que ambas
producen sobre el organismo. Y, por último, en algunos
casos de pacientes consumidores de marihuana, hubo tendencia a
la ingestión de hongos alucinógenos, hecho este
observado con menor frecuencia que con otras drogas.
La tendencia a las sustituciones es controlada
evolutivamente en el curso del tratamiento con el uso de recursos
biológicos y psicoterapéuticos. En cuanto a la combinación
de sustancias, constatamos con mayor frecuencia el uso de cocaína
y alcohol, seguido por la combinación de cocaína
y marihuana y de psicofármacos y alcohol.
La personalidad se refiere a la suma total de
pensamientos, sentimientos y acciones que una persona realiza
habitualmente en sus continuas adaptaciones a la vida.'3' Por
ello, pensamos que no resulta una tarea fácil hacer el
análisis del abuso de drogas como forma de comportamiento
humano. No obstante, decidimos realizar una valoración
de las características de la personalidad del farmacodependiente.
En nuestro estudio identificamos patrones de
desarrollo anómalo de la personalidad, con predominio de
las alteraciones afectivas y conductuales. Sobresale la incidencia
de alteraciones a nivel de la esfera afectiva, ya que encontramos
en 205 pacientes (90,2 %) gran inestabilidad afectiva, con descompensaciones
neuróticas frecuentes, entre las que prevalecieron episodios
ansioso-depresivos, ambivalencia, irritabilidad y agresividad
como síntomas más frecuentes. En un elevado número
de pacientes predominaron relaciones interpersonales inestables
e intensas. De igual forma, muchos pacientes reflejaron baja tolerancia
a las frustraciones.
Las diferencias psicológicas individuales
en cuanto al bajo nivel de tolerancia a la frustración,
particularmente, en relación con la búsqueda de
gratificación inmediata (ligada al embotamiento moral y
emocional de los individuos sometidos a la adicción), provoca,
con mucha frecuencia, efectos negativos a largo plazo. Hay que
subrayar la importancia de esta incapacidad para aceptar la demora
de la gratificación: que si bien caracteriza como moral
y natural una fase del desarrollo -la primera infancia-, más
tarde se convierte en un signo de inmadurez psicológica
y personal.
También con marcada frecuencia aparecen
los trastornos de conducta, cuyos antecedentes se hallan en etapas
tempranas de la vida, con su consiguiente repercusión escolar,
familiar, laboral, matrimonial y en las restantes esferas sociales;
todo ello causado, básicamente, por dificultades para aceptar
límites y responsabilidades, incluso banales, de las consecuencias
de sus propios actos, incapacidad para plantearse metas y proyectos
de vida realistas, unido a descargas motoras, potencialmente peligrosas.
En un elevado porcentaje de pacientes encontramos, como características
de su personalidad, la tendencia a ser impulsivos e impredecibles
(Tabla No. 8).
Es notoria la reiterada dificultad que presentaron
los pacientes para mantener una conducta laboral apropiada y una
relación de pareja estable.
Ambas situaciones traducen una incapacidad para
asumir responsabilidades ante los individuos, en particular, y
ante la sociedad, en general, o sea, no asumieron de forma constante
una actitud en correspondencia con el rol de adulto que estaban
llamados a desempeñar. Atendiendo a lo antes señalado,
creemos justo destacar la gran influencia de factores sociodemográficos,
familiares y ambientales en la aparición y desarrollo de
una personalidad adictiva, observación hecha también
en la bibliografía revisada.
Este tipo de personalidad está dada además,
por complejas y profundas alteraciones psicopatológicas
de base, las cuales inducen al riesgo de uso, abuso y dependencia
de drogas, debido a la necesidad ineludible de modificar esta
actitud personal ante la sustancia para solucionar el problema.
Finalmente consideramos que el tratamiento será
más efectivo en la medida que sea capaz de detener el consumo,
ofreciendo información precisa, evitando la adopción
de actitudes valorativas o rígidas y empleando técnicas
flexibles de apoyo que garanticen una evolución adecuada
del enfermo.
Nuestros resultados nos permiten afirmar que,
atendiendo a la connotación individual y social de la farmacodependencia,
esta reclama la participación no sólo de los servicios
médicos sino también de todas las agencias potencialmente
educativas: la familia, la escuela y la comunidad, en la prevención,
tratamiento y reinserción social del farmacodependiente,
para conseguir el pleno desarrollo de la personalidad y su educación
integral.
Escala
de evaluación de objetivos y resultados terapéuticos
en pacientes farmacodependientes atendidos en la Comunidad Terapéutica
El tratamiento farmacológico a pacientes
farmaco-dependientes sólo permite desintoxicarlos, eliminar
los síntomas agudos y alejarlos del consumo. Otra vía
terapéutica que ha sido utilizada como complemento de la
anterior, es la rehabilitación a través de la psicoterapia
en sus diferentes modalidades, según escuelas psicoterapéuticas.
Las técnicas de modificación conductual no son más
que la aplicación de los principios del aprendizaje al
análisis y tratamiento de los trastornos del comportamiento.
Estos principios han sido ampliamente estudiados, tanto por la
investigación básica como por la aplicada, y existen
numerosos reportes en la bibliografía al respecto. De igual
manera se han publicado diferentes formas para valorar las modificaciones
conductuales que ocurren durante un programa de rehabilitación
lo cual tiene gran valor para establecer estrategias psicoterapéuticas
y abordajes biológicos que propicien un modelo integrador
en las nuevas perspectivas del tratamiento para farmacodependientes.
La experiencia de trabajo con los pacientes de
la CT ha permitido conocer las modificaciones del funcionamiento
que produce en el individuo, a mediano y largo plazo, el consumo
creciente de drogas que, al originar alteraciones en el orden
individual, familiar y social, son típicamente reflejadas
por sus dificultades para aceptar límites y responsabilizarse
con las consecuencias de sus propios actos, incapacidad de plantearse
metas y proyectos de vida realistas, deterioro de hábitos,
desde los más diferenciados hasta los primarios.
La CT admite farmacodependientes remitidos por
otros centros o por solicitud personal, que una vez evaluados
comienzan a recibir atención individual y fundamentalmente
grupal, con técnicas de diferentes escuelas psicoterapéuticas
y sobre todo de modificación de comportamiento, para lo
cual cuenta con un programa de actividades encaminadas hacia este
objetivo. El control y rendimiento evolutivo de los pacientes
ante las tareas planteadas es de gran importancia, pero resulta
difícil medir estos resultados dado el modelo biopsicosocial
que interpreta el comportamiento de los individuos como un intento
de adaptación al ambiente en que se desarrollan; por ello
es necesario el uso de instrumentos como la historia clínica,
que permite recoger toda la información para comprender
las causas del comportamiento adictivo, su mantenimiento e incremento,
con todas las variables biológicas, psicológicas
y sociales que intervienen en este complejo desorden.
Otro instrumento es el uso de exámenes
psicológicos que corroboren hallazgos de la historia clínica,
orienten hacia la posibilidad de psicopatías u otras enfermedades
mentales. Unido a ello es necesario el empleo de una escala que
permita medir la modificación conductual de los pacientes.
En la literatura, se reportan diferentes instrumentos
para valorar estos aspectos. Inicialmente el equipo médico
de la CT diseñó, partiendo de la propuesta de R.
Navarro,^ un modelo estructurado, en cuya evaluación tenía
participación, además, otro paciente de la comunidad;
esto resultó entorpecedor en la consecución de la
meta planteada pues se generaron enfrentamientos o alianzas psicopáticas
que desvirtuaban la realidad de las modificaciones de actitudes
o cambios logrados por el evaluado.
Debido a ello se realizó una revisión
de la versión anterior y se excluyó la participación
de otro paciente en la evaluación, con lo cual se logró
la adaptación de un instrumento que junto a la historia
clínica, estudios psicológicos, análisis
de orina y dinámica de grupo, permite medir el logro de
objetivos terapéuticos en algunas áreas del comportamiento
y que habla a favor del proceso de funcionabilidad conductual
que implica la rehabilitación en el farmacodependiente.
Este instrumento ha sido aceptado por el universo
de pacientes, esto ha permitido su empleo, sin dificultades, desde
hace tres años, tiempo suficiente para informar resultados
de su aplicación. Dicho instrumento contiene aspectos que
se evalúan y controlan separadamente, lo cual brinda al
paciente, la oportunidad de analizar cuál fue el área
del comportamiento con dificultades en el período evaluado
(semanal y mensual), así como la consecución exitosa
de sus metas.
Se aplicó a los 70 pacientes farmacodependientes
ingresados en la CT desde enero de 1995 hasta diciembre de 1997,
el instrumento para explorar algunos aspectos de modificaciones
en cuatro áreas de la conducta: el comportamiento social,
el laboral, el cumplimiento de las actividades de psicoterapia
y la cultura física.
Comportamiento social: es el primer aspecto evaluado.
En él se valora, principalmente, la eliminación
de las manipulaciones sociales, definidas como el conjunto de
conductas dirigidas hacia la satisfacción de necesidades
a través de estrategias manipulativas con el entorno social.
Cuando un paciente, con una determinada conducta adaptativa y
estabilidad emocional, comienza a emitir comportamientos de manipulación,
su proceder se convierte en un claro indicador del inicio de una
cadena de comportamientos que, eventualmente, lo llevan a la recaída.
Otro aspecto de este acápite es poder
decir y aceptar un "no", cuando surjan situaciones de
riesgo que comprometan su rehabilitación. Las modificaciones
en el lenguaje relacionado con la jerga del consumo y con las
normas de relaciones entre las personas en general, también
son tenidos en cuenta. El último elemento contemplado dentro
del comportamiento social es el consumo de alcohol. Su suspensión
definitiva es un aspecto muy reprimido y frecuente en los inicios
del tratamiento.
Comportamiento ante el trabajo: se evalúa
el comportamiento en el trabajo físico e intelectual: su
disciplina, aprovechamiento y organización en las diferentes
actividades de ergoterapia planificadas (trabajo con barro, huerto
y cursos teórico-prácticos).
Comportamiento en las actividades terapéuticas:
en este aspecto se valora la disciplina y aprovechamiento en todas
las modalidades terapéuticas (reuniones matutinas de psicoterapia
y terapia alternativas) incluidas en el proceso de rehabilitación
y en las cuales el paciente participa.
Comportamiento en la cultura física: en
el análisis de valoración, tanto cuantitativo como
cualitativo, de la cultura física terapéutica, se
tienen, fundamentalmente en cuenta, tres aspectos: asistencia
y puntualidad, aprovechamiento y cumplimiento de los objetivos
generales y específicos que deben lograr los pacientes.
Además, en el modelo se incluyen las
observaciones, aspecto que utilizamos para un señalamiento,
una felicitación, una sugerencia o una aclaración.
Cada aspecto se evalúa en una escala de
cero a cinco, donde cero significa la meta no alcanzada y cinco,
la alcanzada exitosamente. La evaluación se realiza de
conjunto, entre el equipo médico y el paciente. El resultado
es el promedio de ambas calificaciones. Esto es importante porque
dándole participación al paciente se logra que este
asuma una posición activa ante su evolución, comience
a mejorar su autocrítica y su autovaloración sea
más adecuada. De ahí que en la mayoría de
los casos coincida la valoración del paciente, en cuanto
a puntuación, con los criterios del equipo terapéutico.
Para la puntuación final se tiene en cuenta
el siguiente rango de evaluación: el 60 % de la puntuación
(12 de 20 puntos) se considera como aprobado para la primera etapa,
el 75 % (15 de 20 puntos) para la segunda, y el 90 % (18 de 20
puntos) para la tercera etapa. Este instrumento permite el control
de las modificaciones de comportamiento del paciente, que ocurren
dentro del proceso de rehabilitación como pasos importantes
hacia un estilo de vida sano.
Este instrumento se aplica a partir de los 7
días de internamiento en la CT, una vez conocidas las características
y reglamentos de la institución. La periodicidad de aplicación
es semanal y se hace, además, un análisis mensual
que permite una evaluación de las metas logradas, de su
incremento o eliminación, y que en este caso se corresponde
con pacientes que transitan por los primeros 45 días de
tratamiento, concebidos como la primera etapa del proceso de rehabilitación.
Los resultados alcanzados son tenidos en cuenta para el tránsito
o no de los pacientes de una etapa a la siguiente, donde continúan
aplicándose con iguales características hasta alcanzar
los 150 días de estadía al arribar a la cuarta etapa,
en la que se aplica una modalidad de evaluación diferente.
Al analizar la eficacia de utilizar la escala
de evaluación de objetivos terapéuticos en algunos
aspectos de la conducta, durante las seis semanas que constituyen
la primera etapa del tratamiento de los pacientes farmacodependientes
en nuestra clínica, vemos que, de los resultados obtenidos
por cada paciente, podemos extraer una valiosa información
cuantitativa y cualitativa en relación con el cumplimiento
exitoso o no de las metas propuestas en esta primera etapa del
tratamiento; esto permite diseñar curvas del comportamiento
individual a través de las cuales conocemos la evolución
conductual de cada uno de ellos.
En la Figura No. 1 se muestran ejemplos de dichas
curvas de comportamiento. La correspondiente al paciente A muestra
cómo éste logra modificar, de modo positivo, su
repertorio conductual ya que incorpora los principios básicos
del aprendizaje aplicables para explicar el comportamiento del
farmacodependiente: reconoce situaciones que conducen al consumo
de drogas; disminuye la jerga adictiva; aprende repuestas alternativas
dirigidas a eliminar, como vía de comunicación,
las conversaciones sobre drogas, y controla el deseo de consumir
bebidas alcohólicas, es decir, el paciente mantiene, gracias
a la incorporación del autocontrol, una estabilidad en
los comportamientos alternativos frente a las situaciones de riesgo
de consumo.
En este caso, se cumplen, a través de
diferentes técnicas psicoterapéuticas encaminadas
a alcanzarlos, los objetivos que se determinaron al ingreso. Los
objetivos fueron medidos por diversas modalidades de control y
evaluación del comportamiento y sobre todo, a partir de
los cambios logrados. Por último, se valora el tránsito
de etapa dentro del programa.

Contrariamente a la anterior, la curva del paciente
B muestra una seria dificultad para solucionar problemas reales.
En él predominan las concepciones irracionales, correspondiendo
a esta categoría los mecanismos psicológicos de
negación, racionalización y autoengaño. Es
incapaz de predecir las consecuencias negativas de su comportamiento,
llega a comportamientos violentos, agresión que compromete
la dinámica individual y grupal y que tiene como objetivo
final el consumo de su droga principal o sustituía; el
paciente no logra la adaptación a las pautas de un sistema
como el de la CT, por lo cual es separado del centro.

En la etapa analizada, los resultados obtenidos
a través de la aplicación de nuestra escala de evaluación
de objetivos terapéuticos en el primer aspecto, comportamiento
social, nos permite valorar que el 78,2 % de los pacientes, al
finalizar la etapa tuvieron cambios conductuales positivos, medibles
en acciones concretas como evitar las manipulaciones sociales
o el consumo de alcohol, por lo que alcanzaban evaluaciones de
12 o más puntos, que se correspondían con los objetivos
planteados en esta fase.

Los antecedentes de inestabilidad laboral, improductividad
e impuntualidad, nos hicieron incluir esta esfera en el instrumento
que empleamos, y esto llevado a la escala de clasificación
en la etapa estudiada, reflejó evolutivamente los cambios
adaptativos de los pacientes. Podemos hacer alusión al
resultado no exitoso de las metas propuestas por el 52,2 % de
los pacientes en las dos primeras semanas de su tratamiento, mientras
que al finalizar las seis semanas, logran éxitos en las
metas propuestas, en este aspecto, el 91,1% de los pacientes,
lo que refleja una evolución satisfactoria.
El conocimiento de aceptación de todas
las modalidades de atención psicoterapéuticas es
indispensable para el exitoso cumplimiento del programa de rehabilitación,
estas comprenden las actividades individuales y de grupo. A través
del instrumento aplicado conocimos que en la etapa, el 82,6 %
de los pacientes cumplió satisfactoriamente este aspecto
al finalizar la sexta semana del tratamiento, pudiéndose
observar, con objetividad, el logro de una buena asistencia y
puntualidad, así como la incorporación de comportamientos
deseables al repertorio conductual del paciente.

La cultura física es el cuarto aspecto
evaluado, siendo de interés clínico-psicológico
la aplicación de pruebas diagnósticas al ingreso
que exploraran capacidades, rapidez, fuerza, velocidad y que permitieran
diseñar un plan de trabajo individual de acuerdo con las
condiciones físico-psicológicas del paciente, inicialmente
desfavorables por los antecedentes del consumo y la repercusión
orgánica de este. En el análisis de los resultados
obtenidos por los pacientes en la puntuación lograda al
aplicarles la escala de evaluación de objetivos, vimos
que en las dos primeras semanas son pobres, ya que sólo
el 47,8% de los pacientes logran resultados favorables, sin embargo,
evolutivamente, con la recuperación física aumenta
la incorporación y el rendimiento deportivo lo que se traduce
en que al final el 91,5% de los pacientes obtiene un cumplimiento
exitoso de la meta.
Al analizar los resultados de la escala evaluativa
de objetivos terapéuticos en las primeras cuatro semanas
del tratamiento, se obtiene una evaluación promedio de
13,8 de los 20 puntos totales posibles a alcanzar. Los puntos
perdidos se deben a los típicos trastornos de conducta
al inicio del tratamiento, que les impidieron cumplir con la totalidad
de las metas propuestas, situación que se modifica, evolutivamente,
de manera favorable, y ya en la sexta semana se obtiene una adecuada
calificación que habla a favor de cambios conductuales
positivos y ascendentes (promedio de puntos: 17,2 de los 20 puntos).
El análisis integral de todos los aspectos
referidos es de igual forma posible; esto permite valorar dónde
se encuentran las principales dificultades en cada momento del
tratamiento. Del mismo modo, con los resultados de las calificaciones,
podemos valorar de manera objetiva, el comportamiento de cualquiera
de los aspectos analizados en la evolución de los pacientes,
ya sea de forma individual o colectiva además, del análisis
semanal de las evaluaciones obtenidas, se realiza uno mensualmente
y junto a otros instrumentos incluidos dentro del programa de
rehabilitación, se determina el tránsito de etapa
de los pacientes.
En este grupo de trabajo, el 78,2 % de los pacientes
fue promovido a la segunda etapa de tratamiento. Al relacionar
esto con los resultados de la aplicación de nuestra escala,
vemos que todos los promovidos obtuvieron, al menos, 12 puntos
en su evaluación final, que sólo cinco pacientes
no alcanzaron las calificaciones mínimas (22,8%) y coincidieron
con los no promovidos; estos mantuvieron generalmente evaluaciones
por debajo de los 12 puntos establecidos. Al relacionar el no
alcance de objetivos medidos por el instrumento en esos pacientes
con los resultados de su examen psiquiátrico, observamos
que hubo completa correspondencia, ya que fueron pacientes que
presentaron alteraciones sensoperceptuales de tipo alucinatorio
(en dos de ellos) y trastornos afectivos con predominio de disforia
y ansiedad (en tres); el consumo de tóxicos estuvo presente
en todos los casos citados.
Este instrumento nos permite el control de las
modificaciones en la conducta del paciente que ocurren dentro
del proceso de rehabilitación, como pasos importantes hacia
un estilo de vida sano.
Con la utilización de la escala de evaluación
de objetivos terapéuticos se logra:
- Corroborar modificaciones conductuales en los pacientes
durante el transcurso del tratamiento en la clínica.
- Desarrollar acciones educativas en el paciente encamidas
a lograr el mejoramiento de su autocrítica y autovaloración.
- Su aplicación con un carácter participativo,
favorecedor de la interacción grupal.
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