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TABLA 1
NUMERO DE PACIENTES Y PORCENTAJE SEGÚN EDAD AL INGRESO Y SEXO

Sostenemos que esta trayectoria inicial de la enfermedad puede desarrollarse lentamente, incluso en un lapso de años y que se denomina período de "silencio clínico”, sobre todo en el caso de la cocaína que ocupa el mayor por ciento del grupo estudiado, este período permite que el paciente concluya, aunque muchas veces de manera irregular, dicho nivel de educación. Con frecuencia, a partir de esta etapa de la vida, el consumo se intensifica, se hace incontrolable e impide la continuación o culminación exitosa de estudios de nivel superior. Consideramos que el hecho de que los pacientes con nivel primario estén muy poco representados, se debe básicamente a la procedencia socioeconómica elevada de los pacientes estudiados, lo que lleva implícito toda una serie de garantías en la esfera estudiantil, por lo que no podemos afirmar que la farmacodependencia es menos frecuente en pacientes con bajo nivel escolar.

En el análisis del estado civil de los pacientes, observamos que los resultados confirman lo planteado en la literatura acerca de la dificultad reiterada de los farmacodependientes para mantener una relación de pareja estable. Consideramos que esto se deba a las características del consumo, el cual, en determinadas etapas se convierte en la principal actividad en la vida de los pacientes, así como a la conducta promiscua que genera, basada en relaciones emocionales inestables e intensas, casi siempre de corta duración.13' Los pacientes casados mantienen mayoritariamente relaciones.


Matrimoniales disfuncionales, pero atendiendo a las características socioeconómicas de su grupo, donde el divorcio tiene gran repercusión en el aspecto económico, prefieren mantener el vínculo legal.

En nuestro estudio quedó demostrado que cuando se producen modificaciones del funcionamiento a largo plazo en el individuo, motivado por el consumo excesivo de drogas, se origina una alteración en el componente social y, sobre todo, en el aspecto laboral. Nuestros datos, concuerdan con otros estudios realizados, en los que se destaca la incapacidad casi constante de los pacientes farmacodependientes para mantener un vínculo laboral estable, por causa, básicamente, de una alteración en el funcionamiento adaptativo al medio.

Esto unido al consumo de sustancias psicoactivas, que exacerban rasgos anómalos de personalidad, impide el desarrollo de una conducta laboral apropiada, por lo que se dedican, fundamentalmente, a actividades ilegales o marginales para solventar el consumo, a pesar de encontrarse en la etapa más productiva de la vida. Llama la atención que ningún paciente heroinómano incluido en nuestro estudio mantuvo un trabajo estable, lo cual coincide con la literatura que indica, una vez más, que sostener una relación prioritaria de uso de la heroína es incompatible con una actividad laboral normal.

Debe señalarse, además, que un porcentaje considerable de los pacientes estudiados proceden de familias de un estrato socioeconómico elevado, lo que unido a un bajo e inconsistente nivel de exigencia familiar para con ellos, condiciona que no se sientan presionados a asumir una responsabilidad laboral adecuada. Por constituir la familia un sistema que tiene innumerables funciones, desde la satisfacción de las necesidades afectivas y materiales de sus miembros, el establecimiento de patrones positivos de relaciones inter-personales, hasta la estimulación de la creatividad de sus integrantes, entendimos de gran valor hacer un análisis del funcionamiento familiar en los pacientes estudiados.

La dinámica familiar representa un elemento básico en la estructura y maduración de la personalidad, por ello cuando un eslabón de dicha dinámica se afecta, se rompe el equilibrio entre sus miembros. Para el estudio del funcionamiento familiar nos basamos en los conceptos de Srnilksteins,apgar familiar como también se conoce. En nuestro estudio ocuparon el primer lugar las familias fuertemente disfuncionales y el segundo, las moderadamente funcionales, categoría esta que también refleja cierto grado de disfunción. Se evidencia, por tanto, un predominio de alteraciones en la dinámica familiar.

Nuestras cifras nos permiten coincidir con lo planteado por diversos autores acerca de la influencia directa de las alteraciones en la dinámica familiar sobre la creación de patrones de vida insanos en los individuos y, en particular, con un estudio realizado por J. P. Hoffman: Efectos de la familia en el uso de drogas por parte de los adolescentes, donde se manifiesta que la disminución de los lazos de unión con la familia provoca una mayor oportunidad de asociarse con consumidores de drogas y de ahí un aumento de la posibilidad de iniciar o elevar el consumo.

En nuestra investigación realizamos observaciones específicas sobre dificultades en el funcionamiento familiar de los pacientes estudiados y que consideramos fueron responsables, en gran medida, de altera6ciones psicopatológicas que condujeron a la farmacodependencia, ya que la influencia de los padres mediante el uso de la palabra, los hábitos, las actitudes y la conducta, va moldeando paulatinamente la personalidad de sus hijos desde etapas tempranas de la vida.

Encontramos en nuestra experiencia de trabajo que el número de años de consumo y la cantidad de drogas utilizadas antes de la hospitalización, no afecta la oportunidad de alcanzar una abstinencia estable, aunque es importante destacar que existen tres variables fundamentales que garantizan un buen pronóstico: mantener un empleo y una relación de pareja heterosexual estable, así como un adecuado funcionamiento de la dinámica familiar
(Tabla No. 6).

Antes de presentar los resultados relacionados con las drogas consumidas por los pacientes estudiados, creemos necesario destacar que la gran mayoría de ellos pueden considerarse polifarmacodependientes, lo cual significa que la dependencia se producía a partir de una droga básica, pero cuando por diferentes razones esta no se podía obtener, el paciente utilizaba otras sustancias sustituías durante períodos de tiempo variables; además, con frecuencia, el consumo de tóxicos se llevaba a cabo combinando
dos o más sustancias, situación descrita en la literatura.

En lo que se refiere al tipo de droga principal que consumen los pacientes incluidos en nuestro estudio, observamos que predomina la cocaína. Esto resulta lógico si tenemos en cuenta que un por ciento elevado del total del grupo estudiado corresponde a pacientes procedentes de América Latina, zona de gran producción y utilización de la droga referida:

A continuación aparecen los consumidores de opiáceos, coincidiendo con los pacientes procedentes de Europa, cuya dependencia radicaba en la sustancia denominada heroína. En la actualidad esta droga se encuentra entre las más difundidas y utilizadas en dicho continente. Destacamos que los derivados del opio en general y de la heroína en particular, tienen una elevada capacidad para generar dependencia en las personas, incluso desde las primeras dosis consumidas (Tabla No. 7).

En el estudio realizado, observamos que la marihuana (cannavis sativa) representa un problema serio de dependencia sólo para 14 pacientes procedentes de América Latina y del Caribe, sin embargo, encontramos que la casi totalidad de nuestros pacientes, al comenzar a transitar por el camino de las drogas, conocieron la marihuana, consumo que mantuvieron durante un tiempo variable hasta que, ávidos de experiencias más intensas, consumieron drogas con efectos más potentes sobre el sistema nervioso central (de acción más rápida y destructiva); a partir de ahí desarrollan el abuso y luego la verdadera dependencia, lo cual no significa que esta sustancia conduzca inevitablemente al consumo de otras drogas ¡legales. No queremos por ello restar importancia a la utilización de la marihuana, ya que ésta puede ser muy peligrosa para quienes la utilizan, debido a que la gravedad no está en la sustancia, sino en las circunstancias y características biosicosociales del individuo. Al analizar el comportamiento de los pacientes dependientes de la cocaína, observamos que estos, durante la etapa de consumo activo, utilizaron, de manera considerable, la marihuana, tanto combinando ambas sustancias como de forma alterna. En el caso de los pacientes estudiados procedentes de Europa y tratados por su heroinomanía, se evidencia el uso de la marihuana de forma ocasional, porque para ninguno de ellos esta sustancia constituyó un problema serio de dependencia, además de que su utilización es, desde el punto de vista social, bien tolerada en sus países, algo similar sucede con el consumo de alcohol, el cual no se emplea asiduamente durante la etapa de consumo activo de la heroína por la combinación letal que puede tener con esta sustancia.

Durante el inicio del tratamiento, observamos una tendencia manifiesta de los pacientes farmacodependientes a sustituir la droga básica de consumo por otra con similar efecto sobre el sistema nervioso central, las sustancias disponibles en nuestro medio tienen una acción menos potente sobre el organismo, pero son de fácil adquisición por la oferta socialmente permitida de estas.

Específicamente los pacientes dependientes de la cocaína (alcaloide de efecto estimulante muy intenso), se inclinaron al consumo excesivo de café, cuyo contenido de cafeína provoca un efecto estimulante ligero. Destacamos que el alcohol sí constituye una peligrosa posibilidad de sustitución de la heroína durante la etapa de no empleo de esta sustancia, por el efecto depresivo que ambas producen sobre el organismo. Y, por último, en algunos casos de pacientes consumidores de marihuana, hubo tendencia a la ingestión de hongos alucinógenos, hecho este observado con menor frecuencia que con otras drogas.

La tendencia a las sustituciones es controlada evolutivamente en el curso del tratamiento con el uso de recursos biológicos y psicoterapéuticos. En cuanto a la combinación de sustancias, constatamos con mayor frecuencia el uso de cocaína y alcohol, seguido por la combinación de cocaína y marihuana y de psicofármacos y alcohol.

La personalidad se refiere a la suma total de pensamientos, sentimientos y acciones que una persona realiza habitualmente en sus continuas adaptaciones a la vida.'3' Por ello, pensamos que no resulta una tarea fácil hacer el análisis del abuso de drogas como forma de comportamiento humano. No obstante, decidimos realizar una valoración de las características de la personalidad del farmacodependiente.

En nuestro estudio identificamos patrones de desarrollo anómalo de la personalidad, con predominio de las alteraciones afectivas y conductuales. Sobresale la incidencia de alteraciones a nivel de la esfera afectiva, ya que encontramos en 205 pacientes (90,2 %) gran inestabilidad afectiva, con descompensaciones neuróticas frecuentes, entre las que prevalecieron episodios ansioso-depresivos, ambivalencia, irritabilidad y agresividad como síntomas más frecuentes. En un elevado número de pacientes predominaron relaciones interpersonales inestables e intensas. De igual forma, muchos pacientes reflejaron baja tolerancia a las frustraciones.

Las diferencias psicológicas individuales en cuanto al bajo nivel de tolerancia a la frustración, particularmente, en relación con la búsqueda de gratificación inmediata (ligada al embotamiento moral y emocional de los individuos sometidos a la adicción), provoca, con mucha frecuencia, efectos negativos a largo plazo. Hay que subrayar la importancia de esta incapacidad para aceptar la demora de la gratificación: que si bien caracteriza como moral y natural una fase del desarrollo -la primera infancia-, más tarde se convierte en un signo de inmadurez psicológica y personal.

También con marcada frecuencia aparecen los trastornos de conducta, cuyos antecedentes se hallan en etapas tempranas de la vida, con su consiguiente repercusión escolar, familiar, laboral, matrimonial y en las restantes esferas sociales; todo ello causado, básicamente, por dificultades para aceptar límites y responsabilidades, incluso banales, de las consecuencias de sus propios actos, incapacidad para plantearse metas y proyectos de vida realistas, unido a descargas motoras, potencialmente peligrosas.
En un elevado porcentaje de pacientes encontramos, como características de su personalidad, la tendencia a ser impulsivos e impredecibles (Tabla No. 8).

Es notoria la reiterada dificultad que presentaron los pacientes para mantener una conducta laboral apropiada y una relación de pareja estable.

Ambas situaciones traducen una incapacidad para asumir responsabilidades ante los individuos, en particular, y ante la sociedad, en general, o sea, no asumieron de forma constante una actitud en correspondencia con el rol de adulto que estaban llamados a desempeñar. Atendiendo a lo antes señalado, creemos justo destacar la gran influencia de factores sociodemográficos, familiares y ambientales en la aparición y desarrollo de una personalidad adictiva, observación hecha también en la bibliografía revisada.

Este tipo de personalidad está dada además, por complejas y profundas alteraciones psicopatológicas de base, las cuales inducen al riesgo de uso, abuso y dependencia de drogas, debido a la necesidad ineludible de modificar esta actitud personal ante la sustancia para solucionar el problema.

Finalmente consideramos que el tratamiento será más efectivo en la medida que sea capaz de detener el consumo, ofreciendo información precisa, evitando la adopción de actitudes valorativas o rígidas y empleando técnicas flexibles de apoyo que garanticen una evolución adecuada del enfermo.

Nuestros resultados nos permiten afirmar que, atendiendo a la connotación individual y social de la farmacodependencia, esta reclama la participación no sólo de los servicios médicos sino también de todas las agencias potencialmente educativas: la familia, la escuela y la comunidad, en la prevención, tratamiento y reinserción social del farmacodependiente, para conseguir el pleno desarrollo de la personalidad y su educación integral.

Escala de evaluación de objetivos y resultados terapéuticos en pacientes farmacodependientes atendidos en la Comunidad Terapéutica

El tratamiento farmacológico a pacientes farmaco-dependientes sólo permite desintoxicarlos, eliminar los síntomas agudos y alejarlos del consumo. Otra vía terapéutica que ha sido utilizada como complemento de la anterior, es la rehabilitación a través de la psicoterapia en sus diferentes modalidades, según escuelas psicoterapéuticas. Las técnicas de modificación conductual no son más que la aplicación de los principios del aprendizaje al análisis y tratamiento de los trastornos del comportamiento. Estos principios han sido ampliamente estudiados, tanto por la investigación básica como por la aplicada, y existen numerosos reportes en la bibliografía al respecto. De igual manera se han publicado diferentes formas para valorar las modificaciones conductuales que ocurren durante un programa de rehabilitación lo cual tiene gran valor para establecer estrategias psicoterapéuticas y abordajes biológicos que propicien un modelo integrador en las nuevas perspectivas del tratamiento para farmacodependientes.

La experiencia de trabajo con los pacientes de la CT ha permitido conocer las modificaciones del funcionamiento que produce en el individuo, a mediano y largo plazo, el consumo creciente de drogas que, al originar alteraciones en el orden individual, familiar y social, son típicamente reflejadas por sus dificultades para aceptar límites y responsabilizarse con las consecuencias de sus propios actos, incapacidad de plantearse metas y proyectos de vida realistas, deterioro de hábitos, desde los más diferenciados hasta los primarios.

La CT admite farmacodependientes remitidos por otros centros o por solicitud personal, que una vez evaluados comienzan a recibir atención individual y fundamentalmente grupal, con técnicas de diferentes escuelas psicoterapéuticas y sobre todo de modificación de comportamiento, para lo cual cuenta con un programa de actividades encaminadas hacia este objetivo. El control y rendimiento evolutivo de los pacientes ante las tareas planteadas es de gran importancia, pero resulta difícil medir estos resultados dado el modelo biopsicosocial que interpreta el comportamiento de los individuos como un intento de adaptación al ambiente en que se desarrollan; por ello es necesario el uso de instrumentos como la historia clínica, que permite recoger toda la información para comprender las causas del comportamiento adictivo, su mantenimiento e incremento, con todas las variables biológicas, psicológicas y sociales que intervienen en este complejo desorden.

 

 

Otro instrumento es el uso de exámenes psicológicos que corroboren hallazgos de la historia clínica, orienten hacia la posibilidad de psicopatías u otras enfermedades mentales. Unido a ello es necesario el empleo de una escala que permita medir la modificación conductual de los pacientes.

En la literatura, se reportan diferentes instrumentos para valorar estos aspectos. Inicialmente el equipo médico de la CT diseñó, partiendo de la propuesta de R. Navarro,^ un modelo estructurado, en cuya evaluación tenía participación, además, otro paciente de la comunidad; esto resultó entorpecedor en la consecución de la meta planteada pues se generaron enfrentamientos o alianzas psicopáticas que desvirtuaban la realidad de las modificaciones de actitudes o cambios logrados por el evaluado.

Debido a ello se realizó una revisión de la versión anterior y se excluyó la participación de otro paciente en la evaluación, con lo cual se logró la adaptación de un instrumento que junto a la historia clínica, estudios psicológicos, análisis de orina y dinámica de grupo, permite medir el logro de objetivos terapéuticos en algunas áreas del comportamiento y que habla a favor del proceso de funcionabilidad conductual que implica la rehabilitación en el farmacodependiente.

Este instrumento ha sido aceptado por el universo de pacientes, esto ha permitido su empleo, sin dificultades, desde hace tres años, tiempo suficiente para informar resultados de su aplicación. Dicho instrumento contiene aspectos que se evalúan y controlan separadamente, lo cual brinda al paciente, la oportunidad de analizar cuál fue el área del comportamiento con dificultades en el período evaluado (semanal y mensual), así como la consecución exitosa de sus metas.

Se aplicó a los 70 pacientes farmacodependientes ingresados en la CT desde enero de 1995 hasta diciembre de 1997, el instrumento para explorar algunos aspectos de modificaciones en cuatro áreas de la conducta: el comportamiento social, el laboral, el cumplimiento de las actividades de psicoterapia y la cultura física.

Comportamiento social: es el primer aspecto evaluado. En él se valora, principalmente, la eliminación de las manipulaciones sociales, definidas como el conjunto de conductas dirigidas hacia la satisfacción de necesidades a través de estrategias manipulativas con el entorno social. Cuando un paciente, con una determinada conducta adaptativa y estabilidad emocional, comienza a emitir comportamientos de manipulación, su proceder se convierte en un claro indicador del inicio de una cadena de comportamientos que, eventualmente, lo llevan a la recaída.

Otro aspecto de este acápite es poder decir y aceptar un "no", cuando surjan situaciones de riesgo que comprometan su rehabilitación. Las modificaciones en el lenguaje relacionado con la jerga del consumo y con las normas de relaciones entre las personas en general, también son tenidos en cuenta. El último elemento contemplado dentro del comportamiento social es el consumo de alcohol. Su suspensión definitiva es un aspecto muy reprimido y frecuente en los inicios del tratamiento.

Comportamiento ante el trabajo: se evalúa el comportamiento en el trabajo físico e intelectual: su disciplina, aprovechamiento y organización en las diferentes actividades de ergoterapia planificadas (trabajo con barro, huerto y cursos teórico-prácticos).

Comportamiento en las actividades terapéuticas: en este aspecto se valora la disciplina y aprovechamiento en todas las modalidades terapéuticas (reuniones matutinas de psicoterapia y terapia alternativas) incluidas en el proceso de rehabilitación y en las cuales el paciente participa.

Comportamiento en la cultura física: en el análisis de valoración, tanto cuantitativo como cualitativo, de la cultura física terapéutica, se tienen, fundamentalmente en cuenta, tres aspectos: asistencia y puntualidad, aprovechamiento y cumplimiento de los objetivos generales y específicos que deben lograr los pacientes.

Además, en el modelo se incluyen las observaciones, aspecto que utilizamos para un señalamiento, una felicitación, una sugerencia o una aclaración.

Cada aspecto se evalúa en una escala de cero a cinco, donde cero significa la meta no alcanzada y cinco, la alcanzada exitosamente. La evaluación se realiza de conjunto, entre el equipo médico y el paciente. El resultado es el promedio de ambas calificaciones. Esto es importante porque dándole participación al paciente se logra que este asuma una posición activa ante su evolución, comience a mejorar su autocrítica y su autovaloración sea más adecuada. De ahí que en la mayoría de los casos coincida la valoración del paciente, en cuanto a puntuación, con los criterios del equipo terapéutico.

Para la puntuación final se tiene en cuenta el siguiente rango de evaluación: el 60 % de la puntuación (12 de 20 puntos) se considera como aprobado para la primera etapa, el 75 % (15 de 20 puntos) para la segunda, y el 90 % (18 de 20 puntos) para la tercera etapa. Este instrumento permite el control de las modificaciones de comportamiento del paciente, que ocurren dentro del proceso de rehabilitación como pasos importantes hacia un estilo de vida sano.

Este instrumento se aplica a partir de los 7 días de internamiento en la CT, una vez conocidas las características y reglamentos de la institución. La periodicidad de aplicación es semanal y se hace, además, un análisis mensual que permite una evaluación de las metas logradas, de su incremento o eliminación, y que en este caso se corresponde con pacientes que transitan por los primeros 45 días de tratamiento, concebidos como la primera etapa del proceso de rehabilitación. Los resultados alcanzados son tenidos en cuenta para el tránsito o no de los pacientes de una etapa a la siguiente, donde continúan aplicándose con iguales características hasta alcanzar los 150 días de estadía al arribar a la cuarta etapa, en la que se aplica una modalidad de evaluación diferente.

Al analizar la eficacia de utilizar la escala de evaluación de objetivos terapéuticos en algunos aspectos de la conducta, durante las seis semanas que constituyen la primera etapa del tratamiento de los pacientes farmacodependientes en nuestra clínica, vemos que, de los resultados obtenidos por cada paciente, podemos extraer una valiosa información cuantitativa y cualitativa en relación con el cumplimiento exitoso o no de las metas propuestas en esta primera etapa del tratamiento; esto permite diseñar curvas del comportamiento individual a través de las cuales conocemos la evolución conductual de cada uno de ellos.

En la Figura No. 1 se muestran ejemplos de dichas curvas de comportamiento. La correspondiente al paciente A muestra cómo éste logra modificar, de modo positivo, su repertorio conductual ya que incorpora los principios básicos del aprendizaje aplicables para explicar el comportamiento del farmacodependiente: reconoce situaciones que conducen al consumo de drogas; disminuye la jerga adictiva; aprende repuestas alternativas dirigidas a eliminar, como vía de comunicación, las conversaciones sobre drogas, y controla el deseo de consumir bebidas alcohólicas, es decir, el paciente mantiene, gracias a la incorporación del autocontrol, una estabilidad en los comportamientos alternativos frente a las situaciones de riesgo de consumo.

En este caso, se cumplen, a través de diferentes técnicas psicoterapéuticas encaminadas a alcanzarlos, los objetivos que se determinaron al ingreso. Los objetivos fueron medidos por diversas modalidades de control y evaluación del comportamiento y sobre todo, a partir de los cambios logrados. Por último, se valora el tránsito de etapa dentro del programa.

 

 

Contrariamente a la anterior, la curva del paciente B muestra una seria dificultad para solucionar problemas reales. En él predominan las concepciones irracionales, correspondiendo a esta categoría los mecanismos psicológicos de negación, racionalización y autoengaño. Es incapaz de predecir las consecuencias negativas de su comportamiento, llega a comportamientos violentos, agresión que compromete la dinámica individual y grupal y que tiene como objetivo final el consumo de su droga principal o sustituía; el paciente no logra la adaptación a las pautas de un sistema como el de la CT, por lo cual es separado del centro.

 

 

En la etapa analizada, los resultados obtenidos a través de la aplicación de nuestra escala de evaluación de objetivos terapéuticos en el primer aspecto, comportamiento social, nos permite valorar que el 78,2 % de los pacientes, al finalizar la etapa tuvieron cambios conductuales positivos, medibles en acciones concretas como evitar las manipulaciones sociales o el consumo de alcohol, por lo que alcanzaban evaluaciones de 12 o más puntos, que se correspondían con los objetivos planteados en esta fase.

 

 

Los antecedentes de inestabilidad laboral, improductividad e impuntualidad, nos hicieron incluir esta esfera en el instrumento que empleamos, y esto llevado a la escala de clasificación en la etapa estudiada, reflejó evolutivamente los cambios adaptativos de los pacientes. Podemos hacer alusión al resultado no exitoso de las metas propuestas por el 52,2 % de los pacientes en las dos primeras semanas de su tratamiento, mientras que al finalizar las seis semanas, logran éxitos en las metas propuestas, en este aspecto, el 91,1% de los pacientes, lo que refleja una evolución satisfactoria.

El conocimiento de aceptación de todas las modalidades de atención psicoterapéuticas es indispensable para el exitoso cumplimiento del programa de rehabilitación, estas comprenden las actividades individuales y de grupo. A través del instrumento aplicado conocimos que en la etapa, el 82,6 % de los pacientes cumplió satisfactoriamente este aspecto al finalizar la sexta semana del tratamiento, pudiéndose observar, con objetividad, el logro de una buena asistencia y puntualidad, así como la incorporación de comportamientos deseables al repertorio conductual del paciente.

 

 

La cultura física es el cuarto aspecto evaluado, siendo de interés clínico-psicológico la aplicación de pruebas diagnósticas al ingreso que exploraran capacidades, rapidez, fuerza, velocidad y que permitieran diseñar un plan de trabajo individual de acuerdo con las condiciones físico-psicológicas del paciente, inicialmente desfavorables por los antecedentes del consumo y la repercusión orgánica de este. En el análisis de los resultados obtenidos por los pacientes en la puntuación lograda al aplicarles la escala de evaluación de objetivos, vimos que en las dos primeras semanas son pobres, ya que sólo el 47,8% de los pacientes logran resultados favorables, sin embargo, evolutivamente, con la recuperación física aumenta la incorporación y el rendimiento deportivo lo que se traduce en que al final el 91,5% de los pacientes obtiene un cumplimiento exitoso de la meta.

Al analizar los resultados de la escala evaluativa de objetivos terapéuticos en las primeras cuatro semanas del tratamiento, se obtiene una evaluación promedio de 13,8 de los 20 puntos totales posibles a alcanzar. Los puntos perdidos se deben a los típicos trastornos de conducta al inicio del tratamiento, que les impidieron cumplir con la totalidad de las metas propuestas, situación que se modifica, evolutivamente, de manera favorable, y ya en la sexta semana se obtiene una adecuada calificación que habla a favor de cambios conductuales positivos y ascendentes (promedio de puntos: 17,2 de los 20 puntos).

El análisis integral de todos los aspectos referidos es de igual forma posible; esto permite valorar dónde se encuentran las principales dificultades en cada momento del tratamiento. Del mismo modo, con los resultados de las calificaciones, podemos valorar de manera objetiva, el comportamiento de cualquiera de los aspectos analizados en la evolución de los pacientes, ya sea de forma individual o colectiva además, del análisis semanal de las evaluaciones obtenidas, se realiza uno mensualmente y junto a otros instrumentos incluidos dentro del programa de rehabilitación, se determina el tránsito de etapa de los pacientes.

En este grupo de trabajo, el 78,2 % de los pacientes fue promovido a la segunda etapa de tratamiento. Al relacionar esto con los resultados de la aplicación de nuestra escala, vemos que todos los promovidos obtuvieron, al menos, 12 puntos en su evaluación final, que sólo cinco pacientes no alcanzaron las calificaciones mínimas (22,8%) y coincidieron con los no promovidos; estos mantuvieron generalmente evaluaciones por debajo de los 12 puntos establecidos. Al relacionar el no alcance de objetivos medidos por el instrumento en esos pacientes con los resultados de su examen psiquiátrico, observamos que hubo completa correspondencia, ya que fueron pacientes que presentaron alteraciones sensoperceptuales de tipo alucinatorio (en dos de ellos) y trastornos afectivos con predominio de disforia y ansiedad (en tres); el consumo de tóxicos estuvo presente en todos los casos citados.

Este instrumento nos permite el control de las modificaciones en la conducta del paciente que ocurren dentro del proceso de rehabilitación, como pasos importantes hacia un estilo de vida sano.

Con la utilización de la escala de evaluación de objetivos terapéuticos se logra:

  • Corroborar modificaciones conductuales en los pacientes durante el transcurso del tratamiento en la clínica.
  • Desarrollar acciones educativas en el paciente encamidas a lograr el mejoramiento de su autocrítica y autovaloración.
  • Su aplicación con un carácter participativo, favorecedor de la interacción grupal.

 

 


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